Mirlo

Difícil es dar un paseo por aquí sin toparse con un Mirlo. Bajo el dosel de árboles y arbustos, estas aves recorren incansables el suelo escudriñando todos los rincones. Alertados por nuestra presencia emitirán el característico y ruidoso reclamo de alerta para partir a esconderse en lo más profundo de la espesura. Sin duda, es el ave más abundante de La Encinilla.

No posee el mirlo colores vistosos pues es de colores uniformes oscuros. El macho luce un color negro lustroso en todo el cuerpo, resaltando el contraste que produce su pico y anillo ocular anaranjado vivo. La hembra y los juveniles son de un pardo uniforme y de pico más apagado.

No se trata de un ave migradora. Es sedentaria y pasa su vida en una pequeña parcela de bosque de su agrado. Realmente, puede ocupar un amplio abanico de biotopos. Desde bosques cerrados, bosques abiertos a formaciones de matorral, mosaicos agrícolas, huertas y no duda en establecerse junto al hombre en parques y jardines.

Sus costumbres son muy “de tierra”. Gusta de recorrer constantemente el suelo del sotobosque en busca de su alimento favorito, las lombrices. Se alimenta también de todo tipo de insectos arañas, caracoles, etc, que se encuentra en sus correrías. Posado en el suelo presenta una pose muy erguida y majestuosa. Está en su medio. Anda a saltos. Es moderadamente inquieto y agitado. Si se asusta exhibe un vuelo ágil y directo, frecuentemente a baja altura entre matorrales y zonas de vegetación enmarañada, gustando mucho de perderse entre zarzas y rosales silvestres. Precisamente, su alimentación se completa con frutos del bosque diversos, sobre todo a finales del verano, otoño e invierno:

” Según madura la mora, llega el mirlo y la devora”
“A higuera sin higos, no acuden los mirlos”

Solamente existe un momento del año en el cual el mirlo decide despegarse del suelo y subir a un alto posadero. Lo hacen los machos cuando entran en celo. Con el invierno aun fuerte, a finales de enero y primeros de febrero comienzan a oírse los maravillosos cantos del macho. La curiosidad es que suele cantar de noche. Horas antes de que despunte el alba comienza la melodía. El canto del mirlo goza de gran fama y no es por casualidad. Los mirlos son capaces de memorizar y reproducir una enorme variedad de cantos, siempre compuestos por una larga sucesión de estrofas breves y variadas, con un efecto aflautado y melódico. Realmente hacen música, que resulta muy agradable y melancólica. Curiosamente, tienen una gran capacidad de aprendizaje en este sentido y son los machos con más edad los que emiten las estrofas y cantos más largos y complejos.

Volvemos a encontrarnos con una especie monógama. A primeros de febrero las parejas se juntan y comienza la construcción del nido. Éste es construido por la hembra con ayuda del macho y consiste en una taza de hierbas y hojitas muy bien tapizado su interior con musgo. Lo sitúan siempre a baja altura, normalmente entre el ramaje de pequeños árboles o arbustos. La puesta se suele dar a primeros de marzo y suele ser de tres a cinco huevos. La hembra lleva el grueso de la incubación, siendo suplida por el macho en los momentos en que ésta se levanta para evitar su enfriamiento..
Son 13 días de incubación y otros 13 días hasta que los pollos saltan del nido. Durante este periodo, ambos sexos se encargan del cuidado y alimentación de los pollos. Los jóvenes recién salidos del nido siguen siendo alimentados por sus padres hasta que cuentan con, al menos, 21 días. Después se independizan abandonando el territorio paterno. Si el año es bueno y hay abundancia de alimento, los padres mirlos recomienzan su celo reproductor y realizan una segunda puesta o incluso una tercera ya a finales del verano.

Simbología Espiritual del Mirlo

Podemos afirmar, sin equivocarnos, que estamos ante un símbolo de la máxima importancia para la espiritualidad celta. El mirlo siempre ha estado asociado a los druidas, a su sabiduría y capacidades. De hecho, su nombre en gaélico es Druid Dhubh. El ave de los Druidas.

Nos encontramos ante un ave de submundo, siempre en contacto con la tierra. Mas bien, podríamos decir, que entre los mundos, pues según los celtas, esa era su capacidad, la de entrar y salir a voluntad del Otro Mundo. Es un habitante, por tanto de “La Puerta”. En ese sentido, sería el equivalente dentro del “Panteón de Plantas Sagradas” al árbol del Tejo.

Desde el “Portal” entre mundos, el mirlo canta. Lo hace de noche, antes del alba, como una llamada a despertar. Nos llama con su hipnótico canto animándonos a seguir un camino espiritual y de autoconocimiento. Cuando la magia de los mundos invisibles se quiere manifestar aparecerá en tu camino ungiéndote a volverte más consciente. Anuncia un nuevo despertar.
Pero este canto que seduce tu alma a estudiar las verdades espirituales y a explorar nuestro mundo interno trae también otro mensaje: Al igual que el mirlo, que siempre madruga y se afana continuamente en sus quehaceres diarios, nos anuncia la necesidad de trabajar también nuestro mundo material. De equilibrar nuestra vida material y espiritual. Quedarse en la puerta, sin realmente trabajar en ninguno de los dos planos, u olvidándonos del más material es negarnos nuestro propio poder y responsabilidad.

El canto del mirlo transmite gozo, confianza y conexión, atributos del submundo. Ese tipo de confianza y conexión es el que permite abrirnos a la inspiración, la intuición y la creatividad.

A nivel oracular, el mirlo siempre es un maravilloso augurio. Anuncia avances en nuestro desarrollo conciencial. Es una señal de que tu conexión con la Naturaleza crece anunciando un nuevo entendimiento de sus fuerzas y de cómo aplicarlas y manifestarlas en tu vida.

El canto del mirlo viene a anunciarnos una importante fecha del calendario celta. El mirlo comienza sus mágicos cantos pocos días antes de la festividad de Imbolc, en torno al 1 de febrero. Nos encontramos en la mitad del periodo oscuro, momento de submundo y de trabajo interior, pero anuncia que este periodo de retiro interior pronto tocará a su fín y será momento de materializar nuestros cambios interiores. Momento de renacer.
El mirlo estaba asociado en nuestro país a Ataecina, diosa del submundo, que en Imbolc, nuestro Eburnika hispano, abandonaba su morada para anunciar el renacimiento del principio masculino y el comienzo de la primavera y la vida en la tierra.

Naturaleza: Lunar, Femenina.
Claves: Llamada interior, inspiración, conexión.

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